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viernes, 14 de junio de 2013

"Una noche de estrellas alumbró mi corazón", por M. J. M. A.

Estoy pensando en ti, cuando aquella noche, la luz de la luna y las estrellas alumbraban tu cara y la mía.

Recuerdo tanto aquel día, que, con lo tímido que eras, ni una palabra te salía.

Pensé que ese día nunca llegaría. Entre miedo y valentía, susurraste a mis oídos diciéndome:

-"Mira esas estrellas, son para ti y cada vez que las veas ¡¡acuérdate de mí...!!"

Pensé que ese día nunca llegaría y, con una sola noche de estrellas y luna expresaste lo que sentías...

miércoles, 12 de junio de 2013

La aspiradora desengañada, por Jan Carlos Tejada Mosquea

Érase una vez una tienda de electrodomésticos en la que “vivían” un sinnúmero de diversos aparatos extravagantes, que estaban orgullosísimos de las funciones tan útiles que desempeñaban.

Las neveras, por ejemplo, presumían de mantener frías las bebidas, el ventilador, que siempre mantenía una postura recta y un tanto presumida, se vanagloriaba por refrescar a quien le adquiriera, la lavadora de limpiar la ropa y así eran todos los demás, solo les importaba quién lo hacía mejor y quién tenía más calidad.

Pero había alguien diferente, una aspiradora de aspecto triste, solo se dedicaba a ver a los demás compañeros presumiendo y vociferando sus encantos.

La fregona, que era un tanto observadora e inteligente, notó que no era como los demás electrodomésticos y que no mostraba conformidad por sí misma.

Pasaron varios días hasta que la fregona decidió acercarse amablemente a la aspiradora y le preguntó: “¿Por qué siempre estás triste? ¿Qué te impide ser como las demás?”.

La aspiradora se mostró un tanto sorprendida puesto que nunca nadie había tenido un gesto amable con ella y mucho menos le había dirigido la palabra.

“Mira a nuestro alrededor son todos maravillosos, tienen grandes e importantes funciones y  yo solo fui creada para la inmundicia”, y a pesar de tener una linda imagen, mi uso no me proporciona el valor que merezco.

La fregona – tras unos minutos de silencio –  le brinda una sonrisa con una pizca de sarcasmo, y le contesta –“pero mírame a mí -le dice mirándole a los ojos- yo hasta el pis de perro tengo que secar y no solo eso, mi amo me tira  del pelo cada vez que el suelo está sucio y mojado, y aun así pienso que no es motivo para derrumbarme, a mí no me interesa que  reconozcan mi valor, en mi interior sé lo que valgo y es mi fuerza para vencer todo obstáculo y ser feliz como soy”.

La aspiradora avergonzada, se dice en sus adentros, “Dios, en qué estaría   pensando,  mira esa pobre fregona cuál es su destino y yo quejándome”.

La fregona se despide, pero antes le dice: “Sé feliz como eres y lo que hagas hazlo con amor  y esmero y eso, solo eso, te hará grande”, y mientras hablaba se iba alejando.

Al pasar  un tiempo entra una señora y pide opinión por un electrodoméstico que le facilite el día a día. Entre cientos de ellos la aspiradora fue agraciada.

En ese momento supo su valor, no por ser seleccionada, sino por la conversación que tuvo con esa encantadora fregona y prometió hacer su trabajo con amor y alegría.

lunes, 28 de marzo de 2011

El conductor, por José Luis Gómez Alonso

Imagen de Wikimedia.

Estaban unos amigos en una carretera de mediana velocidad conduciendo su coche cuando, de repente, observó como otro coche que venía en sentido contrario al suyo le hacía señales raras y sorprendentes. Les gritó varias palabras por la ventanilla, pero no se entendieron todas. La que sonó más claramente fue la palabra “¡cerdos!”.

Entonces, los que iban en el coche se sintieron ofendidos e incluso querían perseguir al que les había gritado y hecho gestos extraños. Cuando se serenaron, prosiguieron la misma ruta, no sin cierta molestia, comentando que la gente estaba muy agresiva, inclusive ellos mismos, que aumentaron la velocidad por la ira que todavía sentían.

A los pocos kilómetros de recorrido, se encontraron con centenares de cerdos salvajes que estaban invadiendo la carretera y que habían provocado un montón de accidentes. Incluso estaban atacando a las personas accidentadas que se encontraban fuera de sus coches. Apenas les dio tiempo para frenar, retroceder y escapar del peligro para ir a pedir ayuda.

Nunca ayudes de manera incompleta. Si no vas a ayudar completamente, no lo hagas.

jueves, 24 de marzo de 2011

Las tinajas, por Concepción Blanco Engenios

Imagen de Wikimedia.

Había una vez un hombre que para transportar agua a su casa tenía que recorrer un buen camino. Lo hacía muy contento con su burro y, a ambos lados del burro, sus dos tinajas.

Una de las tinajas ya estaba muy usada y tenía bastantes grietas, la otra estaba totalmente nueva. Por el lado de la más vieja, siempre dejaba un reguero de agua y llegaba a su casa con la mitad del agua.

—Ya es hora de cambiar la tinaja vieja que llevas, se derrama mucha agua y luego nos falta para beber —le dijo un día su mujer.

—¿Tú no has pensado de dónde te traigo las rosas, las legumbres y las hortalizas? — le respondió el marido.

La mujer se quedó pensativa, pues no sabía de dónde se las traía.

—Hace tiempo que me había dado cuenta de que cuando vengo a casa dejo un reguero de agua por el camino —le continúo diciendo su marido—, por lo que decidí sembrar rosas, legumbres y hortalizas en el reguero. Así, cada día, al pasar por el camino, la vieja tinaja las riega.

—Tienes razón —le dijo su esposa—, aunque la tinaja es vieja sirve para otras cosas.

Moraleja: cuando nos hacemos mayores tenemos otras habilidades que podemos aportar al mundo y a nosotros mismos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La bondad del rico, por Verónica Moreno Martínez

Imagen de Wikimedia.

Érase una vez que un padre y su zagal, que tenían mucho dinero, salieron a dar un paseo por los olivos. Mientras caminaban, disfrutando del paisaje, vieron una chaqueta en el suelo. Parecía ser la chaqueta de un hombre muy pobre que trabajaba en la finca de al lado.

—Vamos a gastarle una broma —dijo el hijo—. Le voy a esconder la chaqueta a ver qué cara pone.

—Eso de reírse de los demás no está bien —le respondió el padre—, aunque me has dado una idea. Vamos a darle una alegría a este hombre y verás cómo le cambia la cara. Métele en cada bolsillo de la chaqueta estas monedas y vamos a escondernos detrás de esos olivos a ver qué pasa.

El jornalero, cuando terminó su trabajo en la finca, recogió sus pertenencias y se puso la chaqueta. Cuando, para su asombro, sacó las monedas de los bolsillos.

—¿Quién habrá tenido la bondad de hacer este milagro?, exclamó el hombre gritando. Gracias a este dinero podremos comer mi familia y yo hasta que termine el trabajo y me paguen.

Mientras tanto, el padre y el hijo que le estaban escuchando, se miraban mutuamente con gesto sonriente.

—Padre, me has dado una lección que nunca olvidaré —exclamó el muchacho—. Ahora entiendo algo que antes no comprendía, que es mejor dar que recibir.

lunes, 21 de marzo de 2011

Mi hermanita, por José Luis Alonso


Imagen de Wikimedia.

Pelusa tiene una hermanita. Su mamá está muy preocupada. Se siente tan solo que ni siquiera tiene ganas de comer. Pelusa intenta jugar sin hacer ruido para que su hermanita no se despierte, pero es tan aburrido.

¡Qué bien! Su amigo Pompón ha venido a buscarlo para ir a pescar.

–Pero primero tengo que pedir permiso a mamá –dijo Pelusa.

¡Qué mala suerte! Mamá dice que se lleve a su hermanita que se acaba de despertar.

–Pompón, ¿puede venir mi hermana con nosotros?

–¡Claro!

La hermanita de Pelusa llora todo el rato porque quiere pararse a recoger flores.

–Así nunca vamos a llegar al río. ¡Qué lata! ¿No te gustaría tener una hermanita? Si la quieres, te la regalo –dijo Pelusa.

–¡Ay, ay, ay!

De repente, la hermanita de Pelusa ha desaparecido. Se ha hecho de noche y Pompón tiene que volver a su casa, pero Pelusa sigue buscando.

–¿Dónde podrá estar?

En ese momento, oye a papá y a mamá gritar su nombre.

–¡Pelusa, Pelusa!

Cómo va a decirles que su hermanita se ha perdido. Pelusa se acerca a papá preocupado. Cuando papá se da la vuelta, ve a su hermanita en los brazos de papá.

En el corazón de mamá y papá hay sitio para los dos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Dos modos de entender la vida, por Ana Toapanta


Imagen de Wikipedia.

Había dos hermanas de sangre que tenían distinto criterio para entender la vida. La mayor, Viqui, como la llamaban, desde muy niña trabajaba mucho para sacar las mejores notas, jugaba en el equipo de baloncesto y se esforzaba por sacar tiempo para ayudar a sus padres en su pequeño negocio familiar. Aprendió la lección que le dio la vida al ver como sus padres prosperaron de la nada y en la actualidad pueden vivir dignamente. Viqui terminó sus estudios y encontró un buen trabajo en el que se sentía muy a gusto porque correspondía con lo que había estudiado.

En cambio, la pequeña, Elena o Elenita, como se la llamaba, que había tenido todo en la vida, como su hermana, además del apoyo por parte de sus padres, no se esforzaba en conseguir sus metas y se conformaba con lo que tenía. No terminó sus estudios porque encontró un chico de posición económica estable con el que se casó pensando que no tendría ninguna necesidad más en la vida. Cuando le fue mal con su marido, se dio cuenta tarde de que, no haber aprovechado lo que tenía cuando era más joven, le había dejado sin una carrera profesional. Ahora no es feliz.

jueves, 17 de marzo de 2011

La plantita Lupita, por Jesús Lucena Martínez


Había una vez una plantita que se llamaba Lupita y que vivía en una ventana. Un fuerte día de viento, el aire sopló y sopló y Lupita se cayó.

Unos niños que pasaban por allí vieron a la pobre Lupita tumbada en el suelo muy triste porque tenía mucha sed y hambre. Los niños, como eran niños, pensaron qué podrían hacer para ayudar a la pobre Lupita. Pensando y pensando… se les ocurrió una idea: plantar a Lupita en el jardín.

Había un problema, tenían que decírselo a sus papás. Ellos no sabían nada de lo que había pasado y tenían que darles permiso para plantar a Lupita.

–¡Papá, papá! No puedes imaginarte lo que ha pasado, la plantita que vivía en la ventana se ha caído debido al fuerte viento, pero hemos tenido una idea para ayudarla.

–¿Cuál es? –dijo su papá.

–Pues plantarla en nuestro jardín

–Claro que podéis. Los niños cogieron sus palitas y se marcharon a plantar a Lupita.

Al día siguiente, al verla tan seca, las nubes y el cielo se pusieron a llover, y Lupita bebió y bebió hasta recuperar su color. Después salió el sol y Lupita se calentó. ¡Qué suerte había tenido Lupita!

Gracias a la ayuda de los niños, Lupita se convirtió en una planta muy bonita. Con el paso del tiempo llegó a ser un árbol muy grande y con muchas ramas y hojas donde los pajaritos hicieron sus nidos. Lupita estaba encantada, porque le gustaba tener muchos amigos. Y de esta manera, Lupita fue feliz para siempre.

Moraleja: De suerte, contento uno de cientos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Los enanitos y el lobo, por Concepción Blanco Engenios


Imagen de Wikipedia.

Érase una vez, en un país muy lejano llamado Tocatoca, que vivían unos enanitos en una casita construida en el tronco de un árbol.

Una tarde que se encontraban en casa haciendo sus quehaceres (leer, cantar, coser…) escucharon el aullido tremendo. Salieron de su casa muy asustados y vieron a unos hombres que perseguían al lobo, y observaron cómo le dieron caza y le mataron. Los enanitos volvieron a casa tristes, pensando que los hombres habían sido injustos con el lobo.

Al día siguiente, los enanitos estaban jugando en el bosque, disfrazados con una piel de cordero. Un lobo, que estaba por allí, se lanzó sobre ellos. Muy asustados, los enanitos echaron a correr y, como pudieron, se metieron en su casita al pie del árbol. Tras el gran susto que se habían llevado, y, una vez a salvo, comprendieron que el día anterior los hombres habían atacado al lobo para defenderse. Entendieron la moraleja: por supervivencia, muchas veces tienes que hacer cosas que no te gustan.

martes, 15 de marzo de 2011

El granjero con suerte, por Leidy Jhoana Correa Henao


Imagen de Wikimedia.

Una tarde gris, un campesino muy humilde se encontraba en su pequeña granja realizando sus labores del campo y se sentía muy satisfecho porque su única vaca le había proporcionado suficiente leche para venderla en el mercado. Este era el único ingreso que había en la casa. Cuando regresó a su casa por la noche, sorprendió a su mujer y a sus hijos con el abundante dinero que ganó en el mercado con la venta de la leche y con un pavo que había comprado para cenar. Con el dinero restante saldaron todas las deudas que tenían pendientes.

Se marcharon todos a dormir muy felices, sin saber que al día siguiente no tendrían tanta suerte. La vaca enfermó de tal manera que no se tenía en pie y no daba leche. Tras varios días sin ingresos económicos en la casa, el campesino desesperado no sabía cómo afrontar la situación mientras observaba a su mujer y a sus hijos hambrientos.

Un día llamó a su puerta un viajero pidiendo posada ya que se estaba haciendo de noche y el pueblo se encontraba lejos de aquel lugar. El granjero y su familia compartieron con él lo poco que les quedaba de comida y le ofrecieron una cama donde dormir.

A la mañana siguiente, el viajero les ofreció su ayuda a cambio de que el granjero le acompañase a un gran precipicio que se encontraba cerca de la granja. El campesino se imaginó que iba a tirarse por él y terminar con su vida, pero lo que él pretendía era tirar a la vaca, y así lo hizo. El granjero, muy enfadado, pensó que el viajero quería dejarle en la ruina y lo echó de la granja. Antes de irse, el viajero le regaló una bolsa con algo de dinero y le deseó suerte. Su intención era agradecerle lo que la noche anterior habían hecho por él. Había comprendido que la vaca enferma podría contagiar a su familia y arruinar por completo la granja de sus anfitriones.

Unos años más tarde, el viajero volvió a pasar por la granja y se dio cuenta de que era más grande y había muchos animales encerrados en corrales y establos que antes no existían. Cuando el campesino vio al viajero sintió mucha alegría y fue hacia él para darle un gran abrazo. Le agradeció lo que había hecho con su vaca, le contó cómo había invertido el dinero que había en la bolsa y cómo había trabajado muy duro junto a su familia durante estos años. Le confesó que sin su ayuda nunca se hubiera desprendido de la vaca enferma y nunca hubiera logrado la estabilidad económica que ahora tenía para su familia.

jueves, 3 de marzo de 2011

Calles sucias de Francia, por Jonathan Alonso García


Imagen de Wikipedia.

Serían las dos o las tres de la madrugada y hacía el típico frío de la ciudad.

Las noticias decían que había sido encontrado muerto en el salón de su casa con un balazo en la nuca un chico de 17 años años de rasgos árabes. Estos hechos han ocurrido en un barrio de la periferia de la ciudad.

Said era nuevo en el barrio y no tardó en juntarse con nosotros. Al poco tiempo nos contó que, en su país, sus amigos se dedicaban al atraco. Y consiguió meter en nuestras cabezas que esa iba a ser la forma de cumplir nuestros sueños.

A los dos meses ya estábamos planeando nuestro golpe. Habíamos ido a fichar varias casas de apuestas y un par de camiones de tabaco. Pero no estábamos muy convencidos, era la primera vez y faltaba sangre fría.

Una tarde en la que íbamos acompañando a Said a casa nos chocamos con un tipo muy extraño con un traje negro y una cicatriz en la cara que llevaba un maletín negro colgado de su mano como los de las películas. Y sin pensárselo le asestó un golpe en la nuca que hubiera tumbado al más fuerte.

A Said lo encontraron muerto a las tres semanas en el piso en que estaba viviendo con su padre. El hombre al que mató se trataba de un simple mensajero de la mafia que tenía que vender armas a traficantes. Y esas armas nunca llegaron, ya que no pudimos abrir el maletín que llevaba y del miedo lo tiramos al primer contenedor que vimos.

Nunca íbamos a imaginar que nos veríamos metidos en una historia de mafia y traficantes en la que moriría un gran amigo.

martes, 1 de marzo de 2011

La niña, por Daniel de la Flor Pérez


Imagen de Wikipedia.

Érase una vez una niña que estaba todo el día saltando y cantando, a cualquier sitio que fuese. Decían los del pueblo que era la niña más feliz de aquel lugar.

Y tres científicos quisieron saber de dónde salía tanta alegría. Raptaron a la niña cuando estaba durmiendo en su habitación, le taparon la boca y le ataron las manos y, en lo que dura un pestañeo, se fueron. Al día siguiente sus padres no la encontraban y llamaron al sheriff muy nerviosos. El sheriff les prometió que haría todo lo posible para encontrar a su hija.

Mientras tanto, en el laboratorio de los científicos, estaban haciendo todo tipo de pruebas con la niña, pero no encontraron nada raro, uno de los científicos miro el árbol genealógico de la niña, y encontró que su bisabuela era igual de risueña que ella. Buscó un poco de la vida de la bisabuela, encontró que se llamaba Verónica, a la edad de trece años empezó a hacer daño a la gente del pueblo, hasta que llegó a un punto en que empezó a matar a la personas o a enterrarlas vivas. Los del pueblo no sospecharon de ella hasta la edad de dieciséis años. Cuando se enteraron de que era ella la asesina estuvieron a punto de acabar con su vida ahogándola, quemándola en la hoguera o enterrándola viva como ella hizo, pero llegó un anciano sabio y propuso que la castigasen a limpiar el pueblo y labrar las tierras de las personas que agredió y mató, y que estuviese vigilada las veinticuatro horas por cuatro sheriffs.

Cuando el científico llegó al final de la escritura, leyó: "La misma alegría y tristeza vendrán al pueblo en la tercera generación".

Los científicos se dieron cuenta que la tercera generación era la niña, se pusieron nerviosos sin saber qué hacer hasta que uno dijo que por qué no se lo decían a todos los del pueblo. Se pusieron en marcha, se vistieron para que nadie los reconociera, vistieron a la niña con distinta ropa y le cambiaron el color del pelo.

Salieron a la calle creyendo que nadie los iba a reconocer, pero justamente cuando iban a meterse en el coche, el sheriff pasó con el suyo, y los reconoció, se bajó y los retuvo hasta que viniesen los refuerzos.

Aparecieron los padres de la niña, y llorando corrieron a abrazarla. Detuvieron a los científicos queriendo decir ellos lo que habían descubierto, pero no les dejaban. De repente uno de ellos chilló pidiendo que los padres respondiesen a dos preguntas. La primera pregunta era: “¿Cómo se llama su hija?”, les contestaron que se llamaba “Verónica”. Los científicos preocupados se miraron entre sí, y la segunda y última pregunta fue: “¿qué edad tiene la niña?” La madre les contestó que dentro de tres días cumpliría trece años, los científicos histéricos empezaron a gritar todo lo que sabían de la niña, pero nadie les hizo caso y se los llevaron detenidos a la cárcel.

lunes, 18 de mayo de 2009

La leyenda del amanecer, por Maribel Pérez Ramos

Imagen de Wikipedia.

Hace miles de años, el Creador nombró rey al Sol, le dio a su cuidado la Tierra y le pidió que dirigiera los fenómenos meteorológicos y a los astros más pequeños. Su misión era ayudar a crecer y reproducirse a los hombres, para los que había creado el Universo. El Sol ignoró la sugerencia de Dios: si era rey, es por ser mejor que los demás, él solo podía hacerlo.

Comenzó a iluminar y calentar la Tierra, pero pronto las plantas comenzaron a morir, los hombres y los animales vieron escasear sus alimentos, veían como sus fuerzas mermaban y decidieron hablar con Él.

Éste escuchó la queja y consintió en delegar unas horas para dejar a la Luna participar; así, la noche, desterrada hacía tiempo por la vanidad del Sol y la complicidad del día, pudo volver.

Con la ayuda de la brisa, enfriaban la corteza terrestre proporcionando humedad y frescor, que poco a poco, dejaban recuperarse a los hombres y renacer las plantas.

El Sol observaba los cambios y, aunque le satisfacían, también le preocupaban, porque si, sobre todo los hombres, reconocían que él por si solo no les proporcionaba cuanto necesitaban en su ciclo vital, tal vez dejarían de considerarle el astro rey.

Asustado envió a su ejército de estrellas, así podría enterarse en todo momento de lo que ocurría en su ausencia y tomaría medidas inmediatamente.

La noche y la Luna recibieron la llegada de éstas como si de un regalo se tratara; con ellas la noche lucía más hermosa y la Luna no se encontraba tan sola.

Dado que no sabían cómo hacerlo, le pidieron un elemento nuevo al Creador para obsequiar al rey.

Cuando éste llegó en la mañana, encontró las flores más bonitas de lo que recordaba, había algo en ellas que las hacía diferentes.

Es el rocío —le dijeron—. Queremos agradecerte así tu regalo y hacerte disfrutar de un paisaje más bello.

El Sol, envidioso, no se sintió alagado, sino amenazado. Las flores ahora brillaban más que nunca y emitían destellos luminosos. Los hombres halagaban la noche y el Sol, sintiéndose cada vez más enfurecido, extendió sus rayos hasta el amanecer para acabar así con el rocío; no quería encontrarlo allí cuando él apareciera de nuevo por el horizonte.

El Creador castigó el desaire del Sol a sus colaboradores y el haber olvidado el verdadero motivo por el que brillaba, conservaría su trono, pero no a su ejército.

Desde entonces, cuando el amanecer hace perder a la flor su gota de rocío, el Sol pierde todas sus estrellas.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El baile de las lobas, por Katerine

Imagen de Wikipedia.

La habitación maldita
Isabel despertó con la tormenta abatiéndose sobre su cuerpo. Torturada y ultrajada por Francois de Chaserón, amo y señor de las tierras de Vollore, la joven había sido abandonada en el bosque y sin ninguna muestra de piedad. Minutos más tarde, un aullido de lobo estremecería el castillo de Volloré, como confirmando el final de la pobre muchacha. Pero en su desgracia, Isabel encontraría refugio entre bestias más piadosas.

Se acercaba el final del año 1500 y, en el país de Thiers, un rumor comenzaba a extenderse de forma peligrosa. En los montes de Auvergne, una serie de salvajes e inexplicables ataques se habrían cobrado ya la vida de cinco personas; siempre sacerdotes, siempre de noche y siempre en plenilunio, razones más que suficientes para que algunas voces invocaran la intervención de algún poder demoníaco. O, quizás, aunque no menos inquietante, de la insaciable sed de sangre de un hombre lobo.

Preocupado por el impacto que semejantes noticias pueden causar en la corte de París, más que por la aflicción del populacho, Francois de Chaserón, señor de Volloré y Mantguerlhe, organizará una batida para dar caza a la extraña criatura. Pero como despótico amo de sus territorios, Francois pronto encontrará algo más afin a sus propios intereses: Isabeau Leterrier, la hermosa hija de uno de sus siervos, está pronto a desposarse, y el señor de Volloré no durará en ejercer su derecho de pernada, desencadenando una tragedia irreversible. En un desesperado momento de huida, el novio acabará muerto e Isabeau, deshonrada y posteriormente entregada a los lobos en implacable noche de tormenta. Desde ese aciago día, una historia de odio y venganza comenzará a escribirse, entre leyendas campesinas, la búsqueda de la piedra filosofal y el inquietante aullido de los lobos.

La venganza de Isabeau
Corre el siglo XVI y en Europa comienzan a agitarse las olas de las reformas. Son tiempos de incertidumbre y de peligros. En París, como en otras ciudades de europeas, la iglesia lucha por atajar de raíz las soflamas de un tal Lucero, en una pugna que amenaza con sacar los cimientos de la sociedad y la monarquía. Casi a la par, otra lucha más discreta pero quizás igual de determinante, va cobrando forma: el desafío final entre cuatro mujeres unidas por una misma maldición y un hombre tan despiadado como lo peor de las bestias.

Malos recuerdos, tristes y desgarradores recuerdos; nada más que eso habían quedado de las tierras de Volloré y Montguerlhe, y en el corazón de Isabeau. Y todo por culpa de Francois de Chaserón, aquel maldito que regía sus dominios como un verdadero demonio y que se havía convertido en la maldición de su vida, desde que la violara en su juventud. Nada ni nadie parecería capaz de dar su merecido al despreciable tirano de Volloré, y en su afán de vengarse, Isabeau no sólo se había visto condenada a apartase de sus seres más queridos, sino que, además, había perdido a Loraline, su preciosa hija. O, al menos, eso creía…

Casi un lustro después de visitar sus tierras de Auvergne por ultima vez, Isabeau se ha convertido en la costurera del rey, quien aprecia su compañía, y regenta en París un negocio de telas y bordados que surte a las damas de la corte. Un día, su hermana Albérie, loba gris y una niña de nombre Marie, que no es otra que su propia nieta, salvadas de las garras del destino casi milagrosamente, llaman a la puerta del negocio. Juntas, por primera vez, las cuatro lobas se prepararán para el enfrentamiento decisivo contra Francois de Chaserón, el momento esperado para que Isabeau culmine su venganza. Una espesa nieve cubría Auvergne, las cuatro lobas se dirigían a casa de Francois. Por la maldición fueron en forma de lobas, con lo que las habladurías se hicieron ciertas, la gente de Auvergne no tenían dudas de que ellas eran las bestias, y que no eran sólo habladurías. Las cuatro lobas iban a por su presa final. Francois estaba en su despacho cuando escuchó los aullidos de las lobas, cerró todas las puertas. Pero las lobas rasgaron las puertas, la rompieron a pedazos, lograron entrar y fueron directas a Francois. Lo devoraron, y el corazón de Francois lo dejaron para Isabeau a la que más daño hizo. Las tres lobas murieron y la niña quedó para desatar el pánico en Auvergne.

jueves, 12 de febrero de 2009

En prevención de Chafú, por Francisco Javier Yanguas

(Imagen de Wikipedia)

En una pequeña aldea del Levante español, existe la creencia de que un monstruo marino emerge del mar cada noche del 23 de junio o noche de San Juan, coincidiendo con el solsticio de verano.
Los habitantes del lugar describen al monstruo, apodado Chafú, como un extraño ser de tamaño semejante al de un elefante; cabeza de dragón, coronada con tres grandes y afilados cuernos; ojos vidriosos y sanguinolentos; cresta espinosa; camina erguido; sus patas delanteras son muy poderosas, terminan en unas temibles y afiladas garras; las traseras, musculosas, semejantes a dos grandes columnas de granito; la columna vertebral es arqueada, terminada en una gran cola huesuda. Ante tal apariencia, no es extraño el terror que sienten los aldeanos ante la sola mención de su nombre.
Desde tiempos inmemoriales, todos los años a las doce de la noche de la mágica noche, arrastrando su pesada cola, Chafú invadía la playa devorando con gran celeridad a todo ser vivo que encontraba a su paso. Por tal motivo, los lugareños desaparecían año tras año en esa fecha.
Hace mucho, mucho tiempo, apareció en la aldea un anciano de pelo canoso y andar lento que propuso a los aldeanos liberarlos del monstruo. Para ello debía quedarse sólo en la playa a recibir al malvado. Sólo pidió a cambio que le entregaran todos los objetos viejos de los que quisieran desprenderse. Accedieron a su petición. Bajaron a la playa sillas, mesas, trastos…; en fin, todo lo inservible. Después, abandonaron el pueblo como cada año.
El anciano amontonó todos los enseres en la playa, les prendió fuego unos minutos antes de la medianoche y se dispuso a recibir al monstruo.
Coincidiendo con las campanadas de la iglesia, Chafú fue emergiendo de las aguas del Mediterráneo asomando sus grandes cuernos en busca de víctimas propicias. Lo primero que vio frente a él fue la figura del anciano, y tras él una gran bola brillante.
El monstruo se dirigió hacia el anciano y éste corrió hacia la hoguera saltándola y encendiendo una gran traca de pólvora.
Chafú, al sentir el calor de la hoguera y el estruendo de la pirotecnia, sintió pavor y huyó hacia el mar.
Desde entonces, en la costa alicantina se celebra la Noche de San Juan saltando hogueras en la playa y haciendo gran estruendo, no sea que Chafú vigile desde las profundidades marinas.

jueves, 5 de febrero de 2009

El hombre y el viento, por Carmelo Sánchez Durán

Eolo (Eolo, dios del viento. Imagen de Wikipedia)

Una tarde de verano, con el cielo azul y el Sol en todo lo alto, estaba la tierra ardiendo de calor y la mar en calma. Pidió el hombre al viento que se moviera, pues lo necesitaba, y el viento le contestó:
—¿Tanto me necesitas? ¿Por qué me maldices a veces?
El hombre respondió:
—Sabes que te necesitamos, pues nos das vida. Necesitamos que muevas las nubes para que nos traigan agua, necesitamos que muevas el aire para que se muevan nuestros barcos, necesitamos que muevas las aguas para que tengamos olas que nos hagan disfrutar de las playas, necesitamos…
El viento le contestó:
—Bien, pero debes saber que yo soy quien os mueve y no debéis molestarme cuando descanso.
Al momento empezó a moverse el aire, navegaban los veleros, se movían las hojas de los árboles, empezaron a verse las nubes y llegaron las lluvias. Pero el hombre le dijo:
—Debes ir más deprisa, nuestros veleros llegan tarde, las lluvias no alcanzan todos los lugares. ¿Por qué no las repartes por toda la Tierra?
El viento respondió:
—Yo me muevo a mi antojo, hago lo que quiero y os demostraré con mi fuerza todo mi poder.
Formó huracanes que arrasaron todo lo que encontraban en su camino, hundió barcos, derribó casas y árboles, mató a hombres y animales e inundó la Tierra. El hombre lo llamó de nuevo para decirle:
—Te llamamos para que nos ayudes y no para que nos mates.

jueves, 21 de febrero de 2008

Lo desconocido produce miedo, por Sergio Campos, 6º C

Había una vez un niño llamado Timi. Era un niño con una imaginación desbordante, tanto que sus ojos veían cosas donde no las había. Timi le tenía pánico a su habitación, puesto que en ella no se sentía cómodo ni seguro.
Había algo bajo su cama que le atormentaba y que hacía que su pequeño ser temblase de miedo, podía escuchar unos sonidos para él desconocidos que llegaban desde allí.
Un día Timi se armó de valor y fijó su mirada debajo de aquella pequeña cama, poco a poco bajaba la cabeza. Mientras lo hacía, la madera del suelo de su habitación producía un ruido infernal a medida que se acercaba, haciendo que el niño dudase cada vez más en concluir su impulso. Pero una inercia le obligaba a acercarse aún más y más. Iba a conocer a aquel ser que moraba bajo su cama. Al terminar el trayecto, su pequeña cabeza descubrió que el ser desconocido no era más que un muñeco polvoriento, con una batería que le daba movimiento y producía sonidos.